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LINUS PAULING


 

Linus Pauling y la vitamina C en dosis fuertes

 

Linus Pauling. Premio Nobel de Química (1954). Premio Nobel de la Paz (1962). Sin duda una tarjeta de visita imponente y con motivos de sobra para que demos crédito a los escritos de este hombre.

Esto podía suceder en Europa, pero sin duda no en Estados Unidos. Allí nada se da por adquirido de modo definitivo. Todo se merece y se obtiene mediante una duda sistemática de los conocimientos y del valor de cada persona. Es un sistema duro. Pero así es como la emulación de cada cual permite que en los puestos de responsabilidad estén los mejores, y los que saben conservarlos.

Cuando Linus Pauling publica su primera obra sobre la vitamina C y el cáncer, alcanza la suficiente resonancia como para provocar una polémica en torno a este tema, y no sólo de la vitamina C, sino de las concepciones de vanguardia de este hombre de este hombre inquieto (lo que él llama a partir de 1968 con el nombre un poco bárbaro de «la medicina ortomolecular»). La idea de tratar a los enfermos restableciendo su equilibrio fisiológico mediante sustancias naturalmente presentes en el organismo, es de vanguardia. Va a contracorriente de la concepción habitual: una enfermedad se cura con medicinas.

Por este motivo se contradice a Linus Pauling, se critican sus demostraciones, incluso con argumentos -como lo demuestra en su última obra- que no respetan ni la forma ni el fondo de sus escritos. Por esto reincide e insiste en la obra How to live longer and feel better, una obra sólida. Un trabajo cuidado, con una bibliografía impresionante (como para dar jaqueca). Este hombre por cierto, sabe de lo que habla. Ha estudiado el problema, ha leído sobre él y ha comprendido. Cada argumento tiene su fundamentación, y las afirmaciones contra sus detractores caen como cuchillas de guillotina.

Polémica sobre el empleo de vitamina C en dosis fuertes

Así es como en 1969 Linus Pauling se encontró mezclado en una polémica sobre el empleo de la vitamina C en dosis fuertes. La revista Mademoiselle cita al doctor Frederik J. State, a quien presenta como uno de los grandes nombres de la nutrición en Estados Unidos, quien refuta la utilidad de la vitamina C para el resfriado. Para esto se apoya en un estudio hecho en la Universidad de Minnesota, en el cual 2.500 estudiantes habrían tomado vitamina C durante 2años, mientras otros 2.500 tomaban un placebo.

Pauling demuestra que el estudio al que hace referencia el doctor Stare:

  • fue publicado de hecho en 1942 (por Conan, Diehl y Baker);
  • se trataba de 400 estudiantes y no de 5.000;
  • el estudio duró 6 meses y no 2 años;
  • se administraron 200 mg diarios de vitamina C y no dosis altas.

Sin embargo, los autores señalan también un 31% menos de tiempo de enfermedad por sujeto en cada uno de los que tomaron la vitamina C. Este "detalle" muy positivo a pesar de la dosis pequeña, ¡es silenciado por el doctor Stare!

En 1976, Pauling publica, con Evan Cameron, un estudio hecho en el hospital Vale of Leven sobre el nivel de supervivencia de 100 pacientes enfermos de cáncer en fase terminal, a los que se les administra vitamina C, con un grupo testigo de 1.000 pacientes en un estado inicial similar, tratados por los mismos médicos, en el mismo hospital y de forma idéntica, excepto en lo relativo a la vitamina C. Las comprobaciones son sorprendentes, puesto que "los 100 primeros pacientes tratados con el ascorbato (vit. C) han vivido, por término medio, 300 días más que los otros, y nos parece que han vivido más felices durante esta fase terminal. Algunos de ellos están aun vivos y toman diariamente su dosis de ascorbato de sodio; algunos pueden considerarse como sanados de su enfermedad, en el sentido que ya no tienen sítomas manifiestos de cáncer y llevan una vida normal" (Pauling).

Un estudio similar se realizó a partir del 1 de enero 1973, durante 5 años, en el hospital Fukuoka Torikai de Japón (Morishige y Murata). Obtuvieron los mismos resultados que los que había obtenido Pauling en el hospital Vale of Leven. Por el contrario, trabajos realizados en la clínica Mayo obtuvieron como resultado un efecto protector débil de la vitamina C. Después de analizar los resultados, Pauling demostró que:

  • los enfermos de la clínica Mayo ya habían recibido anteriormente fuertes dosis de medicamentos citotóxicos (quimioterapia);
  • ¡que el lote testigo recibía una dosis de vitamina C mucho más elevada que en los otros dos casos (Vale of Leven y Japón)!

En un segundo estudio de la clínica Mayo (Moertel y col., 1985), Pauling observa que la ingestión de vitamina C sólo se mantuvo durante 10 semanas promedio, y que los "pacientes con vitamina C" ya no recibían vitamina C desde diez meses antes de su fallecimiento...

En vista de estas anomalías en la experimentación, más o menos deliberadas, tenemos derecho a preguntarnos si no hay en ello una voluntad de no querer reconocer lo evidente...

Desinterés por una sustancia natural

Según dice el propio Pauling:

«Podemos preguntarnos por qué médicos y autoridades en nutrición se muestran tan poco entusiastas respecto a una sustancia de la que se ha señalado, hace más de 40 años, que disminuía las afecciones debidas al resfriado en un 31 por ciento, a condición de ser tomada de forma regular en cantidades diarias relativamente débiles. Muchos factores han contribuido a esta falta de entusiasmo. Cuando se busca un medicamento para combatir una enfermedad, se ponen en marcha muchos medios para encontrar uno que sea eficaz al cien por cien. (Debo confesar que no comprendo por qué Cowan, Diehl y Baker no repitieron su experiencia utilizando dosis diarias mayores de vitamina C). A pesar de una toxicidad sumamente baja, al parecer predominaba la idea de que el aporte de vitamina C debía mantenerse lo más bajo posible. Es una actitud muy adecuada con los medicamentos, en cuanto sustancias que no están presentes normalmente en el cuerpo humano y que tienen casi siempre una toxicidad muy elevada, lo que no se aplica a la vitamina C. Otro factor ha sido, probablemente, la falta de interés por parte de las compañías farmacéuticas para una sustancia natural, que se obtiene a un precio bajo y que se puede fabricar sin necesidad de licencia especial. ¡Qué pena! Porque aquí tenemos una sustancia capaz de eliminar el resfriado de la existencia humana.»

¡Es evidente que Pauling tiene toda la razón!

¿Toda? No necesariamente, y de hecho podemos no estar de acuerdo con las megadosis que preconiza (18 g. e incluso 200 g al día). Pero se trata de casos excepcionales. (Por otra parte, los estadounidenses nos han acostumbrado a semejantes extravagancias en todos los dominios y su alimentación sufre tal estado de carencias, que no es extraño que puedan soportar semejantes dosis.)

Por lo demás, la experiencia de Pauling sobrepasa en mucho la de sus detractores. Como lo dijo muy claramente, las necesidades de cada cual son diferentes según su herencia, su modo de vida, su enfermedad. ¿Quién podría conocer realmente las cifras exactas de nuestras necesidades de vitaminas? En este campo todo son suposiciones, estadísticas, deducciones... Sólo Linus Pauling ha realizado un verdadero trabajo de experimentación, y por tanto merece respeto y consideración. Entonces, ¿por qué falsificar sus conclusiones?

La doctora Kousmine utiliza los trabajos de Pauling

La doctora Kousmine comprendió muy pronto el interés de los trabajos de Pauling. Aconseja a sus pacientes graves las megadosis de vitamina C que recomienda Pauling. En efecto, la experiencia le ha hecho comprobar que los enfermos no sólo soportan muy bien los 10 g diarios de vitamina C, sino, y sobre todo, que se sienten mejor. Nos ha enseñado a aconsejar la vitamina C, y es corriente prescribir de 2 a 5 g diarios a los enfermos depresivos, con estrés, con infecciones crónicas del árbol bronquial o infecciones del tracto urinario, etc.

Por ejemplo, la dieta, la higiene intestinal y la vitamina C son un trío extraordinario para el tratamiento del resfriado. Por otra parte, he podido comprobar personalmente que las encías que sangran al lavarse los dientes, mejoran con mucha rapidez al consumir al menos un gramo de vitamina C cada día.

En contra de las ideas que se oyen aquí o allá, no se ha comprobado ningún efecto desagradable en nuestros enfermos, con excepción de una mayor o menor tolerancia gástrica, aunque no hay que olvidar que se trata de dosis altas. Para esos enfermos, un medio de esquivar el problema es reemplazar el ácido ascórbico por ascorbato de sodio. Pero si se añade una pizca de bicarbonato de sodio, se mantiene el pH de la solución de vitamina C. A veces, los enfermos acusan una aceleración del tránsito intestinal, lo que es una bendición para los estreñidos crónicos. Basta con reducir la dosis para que todo vuelva a sus cauces normales sin mayores problemas.

Por último, algunos señalan riesgos de cálculos urinarios, que se verían favorecidos por el estado de acidificación provocado por la ingestión de vitamina C en dosis altas. El problema no se presenta tomando ascorbato de sodio, pero hay que verificar que no se tome con algún medicamento que tenga contraindicado la administración de sodio (como la cortisona). Debemos añadir que nuestra alimentación actual es en sí misma muy acidificante (exceso de productos animales, azúcar refinada, alimentos refinados). Es, por tanto, evidente que no es deseable acentuar un estado de desequilibrio orgánico preexistente , pero hay que precisar que la doctora Kousmine evita este riesgo vigilando y corrigiendo el equilibrio del pH urinario aconsejado por ella. Los enfermos que tratamos con patologías importantes -algunos desde hace muchos años- no han presentado hasta ahora ningún efecto secundario a estas megadosis de vitamina C.

 

 

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Dr. Domingo Pérez León

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