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Las algas: la verdura del
mar
El uso alimentario de los vegetales
marinos, en la cuenca mediterránea, está documentado desde el año 600 a
de C. Aunque se han encontrado datos de su inclusión en la
alimentación humana que datan de 10.000 años atrás, en Oriente,
especialmente en Japón donde las algas pueden llegar a constituir el 25%
de la dieta.
En la mayoría de países europeos las algas se han ganado un lugar en la
gastronomía local, como por ejemplo en Austria y Alemania donde
utilizan las algas para elaborar un tipo de pan muy apreciado, el
Algenbrot, un pan de cereales al cual se le agrega un 2-3 por ciento de
algas disecadas en la harina.
Bajo la influencia de las dietas macrobióticas se ha valorizado mucho el
consumo de algas en Occidente. España no ha sido ajena a este
movimiento y desde hace unos años se están llevando a cabo una
experiencias pioneras y artesanas en Redondela (Pontevedra) donde además
de las conocidas algas japonesas nos ofrecen otras tres típicamente
atlánticas; el sabroso espagueti de mar, el musgo de irlanda y el fucus.
Botánicamente hablando
Las algas siguen sus ciclos sin necesidad de siembras, transplantes,
abonos, riegos, ni tratamientos con pesticidas. Hoy en día se
conocen más de 24.000 especies de algas, de las cuales sólo un
reducido número se utilizan para la alimentación humana o con fines
medicinales.
Las algas poseen el pigmento verde llamado clorofila y son capaces de
producir su propio alimento mediante la fotosíntesis necesitando de
luz solar para desarrollarse.
Estas importantes características permite clasificar las diferentes
clases de algas de acuerdo con su color, el cual depende de la
profundidad del mar en la que vive o lo que es lo mismo, las
radiaciones luminosas que recibe según las cuales se establece todo
su metabolismo.
Estas saludables verduras de agua dulce o salada poseen diversas
sustancias coloradas que tienen la tarea de captar la energía luminosa y
aprovecharla por medio de reacciones fotoquímicas. Lo que hace que las
algas no sean sólo un importante alimento para nuestro metabolismo
físico, sino también sobre nuestro metabolismo de luz, es decir, al
igual que la verdura fresca que ha crecido de forma natural y la fruta
madurada al sol son ricas en energía solar, algunas algas también
almacenan energía luminosa (biofotones)que se transmiten a las células
expresándose mediante una sensación de vitalidad y bienestar.
Propiedades dietéticas de las algas
Las algas son las verduras con más alto contenido en sales minerales
y oligoelementos. Son ricas en yodo, hierro (100 gramos de algas nos
dan dos veces más hierro que cien gramos de lentejas)cobalto, magnesio,
calcio, fósforo y potasio. Con 100 gramos de alga Hiziki aportamos
1400mg de calcio ante los 100mg que aporta la leche, y con 1 gramo
diario de alga Kombu obtenemos el aporte suficiente de yodo para
garantizar el equilibrio de las glándulas endocrinas. Oligoelementos
como el cinc necesario para la correcta secreción y asimilación de la
insulina, el hierro y el cobalto, encargados de evitar la anemia, o el
silicio y el calcio, imprescindibles para fortificar los huesos, uñas,
piel y cabello se encuentran presentes en las algas.
Una cucharada sopera diaria de algas abastece al organismo de todos
los minerales y oligoelementos esenciales indispensables para un
correcto metabolismo celular.
La riqueza en clorofila de las algas; Las más ricas son la
espirulina y el alga azul Klamath. La clorofila activa las enzimas del
cuerpo que intervienen en la asimilación de los nutrientes para
transformarlos en energía; ayuda a purificar la sangre e incrementar la
formación de hemoglobina, evita la contracción de los vasos sanguíneos y
aumenta el rendimiento muscular y nervioso.
Algas para adelgazar
Las algas aumentan de tamaño al entrar en contacto con agua, su medio
natural, produciendo un efecto saciante y por otro debido a su gran
aporte de yodo (las algas marinas son alimentos cinco veces más ricas en
yodo que el agua de mar) regulan el funcionamiento de la glándula
tiroides responsable de que se quemen los hidratos de carbono que
ingerimos y no se conviertan en "michelines". Las propiedades
adelgazantes de las algas también se debe a que aportan mucílago
(sobretodo el musgo de irlanda y el agar-agar) un tipo de fibra que
estimula el buen funcionamiento del intestino grueso permitiendo una
buena eliminación diaria de los residuos, requisito indispensable para
eliminar el exceso de peso.
¿Cómo utilizar las algas para que nos ayuden a adelgazar?
Una alimentación basada fundamentalmente en ensaladas, frutas y
cereales integrales y la práctica regular de ejercicio físico son las
verdaderas bases para la reducción de peso y grasa corporal.
Las algas son buenas coadyuvantes gracias al contenido en fenilananina,
un aminoácido que suprime el estímulo nervioso del apetito en el cerebro
que junto al aporte de yodo, minerales y enzimas nos ayudan a acelerar
el proceso metabólico de reducción de peso y toxinas. El alga Kelp y el
alga fucus se pueden consumir en comprimidos o cápsulas de 30 a 60
minutos antes de las comidas principales con unos o dos vasos de agua
para actuar contra la obesidad.
Contienen Cianocobalamina o B12 lo que descarta que esta vitamina
de la familia del grupo B no se encuentre presente en el mundo vegetal.
El alga Nori y la Espirulina son la más ricas en esta esencial vitamina
hidrosoluble tan fundamental en la síntesis del ADN, la formación de los
glóbulos rojos y células de las paredes del estómago. Esto es
especialmente importante para vegetalianos.
Son una fuente de proteínas vegetales inigualable por aportar
todos los aminoácidos esenciales en una proporción adecuada y con un
coeficiente de digestibilidad de hasta un 95% (al lado del de la carne
de un 20% o de la soja de un 35%). Además no contienen colesterol,
grasas saturadas, residuos de antibióticos, pesticidas ni hormonas de
síntesis como ocurre con las proteínas de la carne.
Mayor porcentaje de vitamina E que el germen de trigo y uno de los
alimentos más ricos en provitamina A o betacarotenos. Hay que añadir
además que las algas contienen ácidos linoléicos y alfa linoléicos.
Esta especial sinergia de vitaminas de las algas actúa contra el
envejecimiento, protege la piel y las mucosas de los radicales libres,
sin ningún riesgo de hipervitaminosis, pues el betacaroteno o precursor
de la vitamina A es completamente atóxico.
El ácido algénico, componente fundamental y peculiar de las algas,
contribuye en la eliminación de metales pesados como el arsénico, el
plomo, el mercurio e incluso con elementos radioactivos(estroncio,
cobalto)originando así la formación de sales insolubles que junto a los
productos de desecho de nuestro organismo eliminamos todos los elementos
contaminantes que se han ingerido con la comida o que se han absorbido
de la atmósfera así como las purinas procedentes de productos animales.
Gracias a dicho elemento se elimina también la grasa superflua y las
toxinas depositadas en la sangre, que así se purifica.
¿Quién debe consumir con moderación las algas de agua salada?
Debida a la alta composición de las algas marinas en yodo es necesario
evitar su consumo en personas que sufren hipertiroidismo, se les haya
extirpado la glándula tiroides o sean muy delgadas y nerviosas.
Algunas algas contienen un alto porcentaje de sodio por lo que no
conviene su abuso a personas con tendencia a la hipertensión. En
todos estos casos son más aconsejables las algas de agua dulce como la
Klamath, la Espirulina o la Clorela.
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